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miércoles, 6 de julio de 2011

Los hombres olvidan siempre que la felicidad humana es una disposición de la mente y no una condición de las circunstancias. Locke, John

Felicidad


Definir el concepto de felicidad es tarea ardua. Seguramente sea una de las definiciones más controvertidas y complicadas. El ser humano ha tendido siempre a perseguir la felicidad como una meta o un fin, como un estado de bienestar ideal y permanente al que llegar, sin embargo, parece ser que la felicidad se compone de pequeños momentos, de detalles vividos en el día a día, y quizá su principal característica sea la futilidad, su capacidad de aparecer y desaparecer de forma constante a lo largo de nuestras vidas.
Otra de las controversias en torno a este tema es dónde buscar la felicidad, si en acontecimientos externos y materiales o en nuestro interior, en nuestras propias disposiciones internas. Aún hoy es difícil responder a esta cuestión.Por esta razón, y desde un punto de vista psicológico, el estudio del bienestar subjetivo parece preferible al abordaje de la felicidad.
La felicidad, concepto con profundos significados , incluye alegría, pero también otras muchas emociones, algunas de las cuales no son necesriamente positivas (compromiso, lucha, reto, incluso dolor).
Es la motivación, la actividad dirigida a algo, el deseo de ello,su búsqueda, y no el logro o la satisfacción de los deseos, lo que produce en las personas sentimientos positivos más profundos.


No hay deber que descuidemos tanto como el deber de ser felices.
Stevenson, Robert Louis

La falta de las cosas que el hombre desea es un elemento indispensable de la felicidad.
Russell, Bertrand

Buscamos la felicidad, pero sin saber dónde, como los borrachos buscan su casa, sabiendo que tienen una.
Voltaire, François Marie Arouet

La felicidad no es un ideal de la razón, sino de la imaginación.
Kant, Inmanuel


martes, 5 de julio de 2011

Es una reflexión penosa para un hombre considerar lo que ha hecho, comparado con lo que debió hacer. Samuel Butler

Buscamos excusas para no reflexionar.

Una vez más Mario Alonso Puig: Primero, hay que conocerse mejor a uno mismo y aprender qué hay detrás de cada una de nuestras deci- siones. También tenemos que aprender a gestionar mejor nuestras emociones. No hay que someterlas o ignorarlas, sino comprenderlas. Por último, hay que aprender a conectar con los demás. No me refiero sólo a un mero inter- cambio de información, sino a tratar de entender cómo experimentan los otros las distintas situaciones, los procesos de cambio y las incertidumbres.

http://www.marioalonsopuig.com/downloads/el_correo_bilbao_121007.pdf

domingo, 3 de julio de 2011

“La amabilidad es como una almohadilla, que aunque no tenga nada adentro, por lo menos amortigua los golpes de la vida”. Arthur Schopenhauer

La amabilidad es contagiosa







Los psicólogos Simone Schnall de la Universidad de Cambridge, Jean Roper de la Universidad de Plymouth, y Daniel M.T. Fessler de la University de California, se preguntaron si observar comportamientos de amabilidad nos haría ser más amables con los demás.

Para comprobarlo, hicieron un estudio donde un grupo de participantes vio un video neutral, mientas que otro grupo vio un video prosocial, en el que un grupo de músicos expresaba su gratitud a sus maestros en un programa de televisión que estaba designado para promover buenos sentimientos. Luego los participantes escribieron un ensayo acerca de lo que vieron y les pagaron por participar.

Los investigadores encontraron que aquellos que vieron el video que fomentaba la gratitud y buenos sentimientos, estaban más dispuestos a participar en otros estudios en el futuro que el otro grupo.

Por supuesto, estos resultados podrían indicar que este grupo estaba más dispuesto a participar porque lo habían pasado mejor, y no por haber visto un vídeo que fomentaban los buenos sentimientos hacia los demás. Así que elaboraron otro experimento en el que un grupo de personas veía un vídeo neutral, otro grupo veía el mismo vídeo prosocial que en el estudio anterior, y un tercer grupo veía un vídeo de humor. Cuando ya podían irse, el investigador fingía tener problemas para abrir un archivo en el ordenador, necesario para el experimento. Les dijo que podrían irse si querían, pero les preguntó si querrían rellenar un cuestionario que describió como aburrido.

Los participantes que vieron el vídeo prosocial tenían el doble de posibilidades de ayudar al investigador que los otros dos grupos. Por tanto, haberlo pasado bien o querer obtener dinero no era lo que los hacía estar más dispuestos a colaborar. Más bien, exponer a una persona a una conducta prosocial por parte de otros, aunque sea brevemente, estimula la conducta prosocial en ellos y los hace más dispuestos a ayudar y colaborar con otras personas.

Del mismo modo, si quieres que las personas a tu alrededor sean más amables y colaboradoras contigo, puedes empezar por ser tú más amable con ellas, actuando como modelo que puedan imitar.

viernes, 1 de julio de 2011

"Yo sé que usted cree comprender lo que piensa que yo he dicho, pero no sé si se da cuenta de que lo que usted ha oído no es lo que yo quería decir." (Pierre Rataud de su libro "Técnicas de Venta").

Aprendiendo a comunicarse Estas sugerencias sin duda mejoran el “cara a cara”, pero no son suficientes

Aunque se ha hablado mucho sobre la comunicación eficaz y productiva, pienso que nunca está de más remarcar su importancia y sus implicaciones para la vida diaria. Nos guste o no,  los humanos estamos inevitablemente entrelazados unos con otros; “enredados”, dirían los físicos cuánticos. Somos una red interconectada de pensamientos, sentimientos y acciones, y lo que hacemos, así no parezca, afecta a los demás, poco o mucho, a la larga o a la corta. Krishnamurti afirmaba: “Usted es el mundo y viceversa”. Estamos tan cerca, tan pegados al prójimo, que todas las realidades parecen convertirse en una. No obstante, estar “interconectados” no basta, hay que pasar a relacionarnos. Por desgracia, el aprendizaje social y la cultura nos empujan al mutismo y a la distorsión interpersonal. Hacemos cualquier cosa para mantener nuestra territorialidad,  como si estuviéramos defendiendo una curiosa forma de soberanía personal.
Si hay un buen intercambio, se facilitan los acuerdos  y las conciliaciones prosperan positivamente. Entonces para lograr una comunicación fluida y saludable. tendríamos que limpiar los canales de la misma. Solo a manera de ejemplo, los psicólogos  proponen guías como las siguientes:
  • Evitar las indirectas y la ambigüedad en los menajes. Ser claro, directo y asertivo: “Esto es lo que quiero decir”.
  • Verificar que la información ha sido bien recibida. Averiguar si se captó correctamente lo que queríamos decir y no otra cosa.
  • No hacer monólogos. No encerrarse en sí mismo y despreocuparse por lo que el otro piensa o siente
  • Tratar de no interrumpir. No  intervenir a destiempo y no dejar que la otra persona se exprese.
  • Escuchar atentamente lo que el otro está diciendo.
  • Hablar a una velocidad moderada
  • No preguntar cosas sin sentido u ofensivas
  • Buscar el lugar y el tiempo adecuado
Estas sugerencias sin duda mejoran el “cara a cara”, pero no son suficientes. Hay un lazo afectivo que facilita la proximidad y que trasciende las habilidades que señalé. Y no me refiero a sentirse en comunión con toda la  humanidad ni ver la chispa divina de la creación en cada sujeto, eso es para santos, sabios o iluminados. Lo que sugiero es retomar los vestigios saludables que nos quedaron de nuestros ancestros y acompañar las competencias cognitivas con las emocionales: la mirada, la sonrisa, la atención despierta, la expresión sonora o gestual, la posición del cuerpo. En fin: esa es otra manera de hablar. Un ceño fruncido dice más que media hora de explicaciones, abrir los ojos y la boca al tiempo y aspirar hacia adentro, es más diciente que un lacónico: “Estoy verdaderamente sorprendido”. Expresión facial y paralingüística al unísono, casi tan importante que el lenguaje a secas. No es que debamos entrar en alguna forma de mutismo, sino que, sin lo prosódico, sin el toque expresivo, el lenguaje se hace computacional. ¿Alguien duda que las lágrimas trasmitan información? La postura física de Ingrid tuvo más impacto que cien discursos. Para comunicar dignidad no solo se necesita la Declaración Universal de los Derechos Humanos, podemos agachar la cabeza y negarnos a hablar. Es curioso que siendo el lenguaje verbal la cima de la evolución y la base del pensamiento (no la única, pero sí la más importante) todavía sigan vigentes las demostraciones de un cuerpo que se niegan a desaparecer. Si alguien se burla y el otro se pone colorado, ¿habrá que explicar que se trata de vergüenza? Cuando un niño, que ante la cantaleta de la madre, se limita a levantar un hombro e inclinar la cabeza en señal de “importaculismo”, ¿no recordamos a Gandhi? Un guiño simpático, un golpecito en la espalda que llega en el momento justo, un apretón de manos efusivo o un abrazo suave y  prolongado que nos abarque de lado a lado, nos gratifica el alma: la amistad también es silenciosa.
Por eso prefiero hablar de “buena comunicación” y no  de “comunicación eficaz”. Se me antoja menos conductista, menos experta y mucho más humana.
No hacer monólogos. No encerrarse en sí mismo y despreocuparse por lo que el otro piensa o siente